lunes, 24 de agosto de 2020
169:1.9 (1852.2) ¿LLEGABAN YA A LA “ANDADURA”? (T. LATINA)
169:1.12 NO ERA EXACTAMENTE “PARA HABLAR CON ÉL”, SINO PARA ROGARLE (QUE ENTRARA)
169:1.12 (1852.5) “Pero
cuando el hermano mayor oyó esto, estuvo tan dolorido y enojado que no quiso
entrar. Cuando el padre supo de su resentimiento por la recepción al hermano
menor, salió PARA HABLAR CON ÉL (TO ENTREAT HIM). Pero el hijo mayor no quiso dejarse
convencer por la persuasión de su padre. Respondió a su padre diciendo: ‘He
aquí que te he servido tantos años, no habiéndote desobedecido jamás, y sin
embargo nunca me has dado ni siquiera una cabritilla para celebrar yo un festín
con mis amigos. Me he quedado aquí para cuidarte todos estos años, y nunca te
regocijaste por mi servicio fiel, pero cuando volvió este hijo tuyo, después de
haber derrochado tu fortuna con rameras, corres a hacerle matar el becerro y
regocijarte con él’.
dejarse convencer por la
persuasión de su padre: ¿No os suena rara esta expresión?
sábado, 15 de agosto de 2020
167:6.6: ¡NO, NO ES “PERFECCIÓN” SINO “BELLEZA”! GRAVE DISTORSIÓN DE LA REVELACIÓN. TRAD. LATINA
167:6.6 (1840.5) Cuando no sea posible adorar a Dios en los tabernáculos de la naturaleza, el hombre debería proveer edificios bellos, santuarios de atrayente sencillez y belleza artística para que pueda despertarse la más alta de las emociones humanas, asociada con un enfoque intelectual a la comunión espiritual con Dios. La verdad, la belleza y la santidad son auxilios poderosos y eficaces para la verdadera adoración. Pero la comunión espiritual no se estimula meramente con los adornos masivos y el embellecimiento exagerado de un arte humano elaborado y ostentoso. LA PERFECCIÓN (BEAUTY) es tanto más religiosa cuanto más sencilla y semejante a la naturaleza sea. ¡Qué pena que los niños pequeños conozcan por primera vez los conceptos de adoración pública en fríos, estériles aposentos, tan despojados de belleza y vacíos de toda sugerencia de alegría y santidad inspiradora! El niño debería acercarse primero a la adoración en un medio natural; más tarde, acompañado por sus padres, debería poder concurrir a un templo público religioso que sea por lo menos tan atrayente materialmente y artísticamente hermoso, como el hogar en el cual vive a diario.